Aún a riesgo de ser pesado…

Sí, lo sé, soy pesado. Ya lo dije en mi anterior entrada pero como estoy en modo monólogo, pues sigo con el tema que nos está ocupando la vida misma a la blogosfera. Bueno, no a toda, pero oye que el Danonegueit nos sirve para saber qué no hay que hacer. Entre otras muchas cosas, claro.

Primero vamos a hacer un somero análisis de una cosa que a más de uno les va a tocar el ego.

Eres influyente. No. No eres una celebridad.

Esto parece que no queda lo suficientemente claro. No, puede que disfrutes de fama, pero sólo te conocen en ciertos ámbitos, muy especiales y especializados y que, ni por asomo, llegan a las masas. Es decir, no eres una celebridad. Y, mira por dónde, la tan cacareada Wikipedia nos viene de maravilla para entender esto:

La celebridad o fama es un atributo de personas ampliamente conocidas y reputadas. Reclaman un alto grado de atención por parte del público y de los medios de comunicación. «celebridad» es una «persona famosa», y la palabra viene del latín celebr?tas; «famoso» proviene igualmente del latín, fam?sus.
Mientras que la fama es generalmente un requisito para alcanzar el estatus de «celebridad», no siempre es suficiente. Tiene que existir cierto nivel de interés público en la persona, que puede estar motivado o no, con la razón por la que esa persona es famosa. Muchas celebridades lo son sólo durante un período concreto, quizá por haber aparecido en un programa de televisión o haber hecho algo que las sitúa bajo el escrutinio del público, como cruzar el Canal de la Mancha a nado o haber sido el primero en hacer algo. Hay también celebridades especialistas, que sólo son celebridades para aquellos que disfrutan de un tema en particular y por ello las consideran celebridades dentro de ese reducido círculo.

Vale, ahora espero que entiendas que tener 100.000 seguidores no te convierte en una celebridad no especialista, sino que quieres llegar a las masas. Bueno, quien dice 100.000 dice 1.000, 7.000 como es mi caso (también sé medirme el ego, no creáis) ó 300. Vale, ahora esto me lleva al siguiente punto.

Por qué la campaña de ésa de un yogur helado es una campaña mal hecha pero que ha conseguido, en parte, su objetivo

Venga, como en el colegio. Las campañas de publicidad de productos de consumo suelen basarse eeeeeennnnnnn… ¡¡FAMOSOS!! (si no os viene ningún ejemplo a la cabeza, mal asunto). Y si no hay famosos, ¿en qué se basan? ¡¡EN RECOMENDACIONES!! (¿Os acordáis del anuncio de Calvé?) Y si se juntan ambas, ¿qué conseguimos? ¡¡UN EPIC WIN!! (Mucho quejarnos de José Coronado o Carmen Machi pero cuando no tenéis regularidad, bien que vais al lineal donde está lo que anuncian).

Vale, ahora ya que hemos fijado un par de conceptos. Sigamos.

La campaña de la agencia que parió esto parte de una idea correcta: usamos a unos famosos para recomendar nuestro producto, pero en lugar de hacerlo en un anuncio de televisión (con unos índices de recuerdo cada vez más bajos, por cierto) lo hacemos en redes sociales que además nos va a salir más barato que sus derechos de imagen y, encima, tendremos una pléyade de gente con el cerebro reblandecido a quienes molará el tema y seguro que luego van a comprar nuestro producto.

Vale. Y ahora, como diría Ben Grimm, es la hora de las tortas.

No. No nos engañemos. Una campaña en televisión, radio o prensa acaba funcionando por saturación del usuario. Es decir, un anuncio por sí mismo no va a generar una reacción de gente en masa para comprar un producto. Es decir, si vemos una sola vez un anuncio sobre algo que podrías hacer tú mismo en casa con una heladera, no vamos a salir corriendo ipsofácticamente a comprar eso que podría hacer con la heladera de 20€ que tengo en casa y que podré usar durante varios años. Entonces, ¿de verdad alguien pensaba que un tuit de un famoso (o pléyade de famosos) sobre ese producto lo iba a petar?

Y esto me lleva al siguiente error: el control de los tiempos. Según lo que he leído por ahí habría entre seis y diez celebridades (que también podría ser muy discutible esto, por cierto) tuiteando sobre el asunto en… ¿cuánto tiempo? ¿Entre una y tres horas? MI MÁS SINCERA ENHORABUENA. Has conseguido captar la atención del mamporrerismo de Internecs para que se movilice contra el spam. Entre el mamporrerismo también estoy yo, por cierto, pero como apenas hay gente que lea este blog, tampoco pasa nada. Ojo, pero aparte de esa atención lo único que estás consiguiendo es que haya gente que comente tu campaña y aumentar el ruido… Hosti, espera.

Habéis conseguido movilizar a los que están a la que salta (normalmente porque nos encanta tener la razón y demostrar que sabemos más que nadie) para destrozarte la campaña. Pero (otra torta), ¿de verdad somos público objetivo de esa campaña? He de reconocer que he probado ese producto una vez. Gratis. Porque ese producto era el postre oficial de un evento al que asistí. Y no, no me voy a gastar un duro en un helado metido en un vaso de yogur cobrado a precio de sangre de unicornio. Perdón, que se me va.

No. El público objetivo de este producto es justamente esa masa a la que se dirigía: la gente que ha retuiteado los mensajes de esos famosos a los que siguen y que seguro que si alguien ha estado siguiendo el tema y ha salido de la pestaña de destacados que ofrece Twitter en su web o en sus aplicaciones oficiales, vería que no era poca gente. Aunque el más retuiteado fuera Berto, por otro lado, pero eso ya lo comenté. Joder, y encima estamos hablando de la campaña. Al final acabaremos comprando todos el dichoso producto recomendado en cuestión.

Dicho esto, la conclusión es clara: la campaña ha sido una engañifa muy bien colada por algún ejecutivo de cuentas que ha dicho eh, marca, esto es la hostia y vamos a conseguir un topotocientosmil por ciento de menciones en las redes de gente a la que se le van a hacer las gónadas gaseosa por consumir tu producto. Me gustaría saber el impacto en ventas de la última semana (en la que apenas he podido ver la tele, por cierto, y no sé si están muy pesados con el producto en cuestión). Sí, en esta época de crisis seguramente la marca habrá gastado menos dinero, pero seguramente se lo podría haber ahorrado o haber obtenido mejores resultados por otra vía.

Eh, oye, pero mi enhorabuena a quien colocó esa campaña porque la próxima vez que alguien ofrezca este tipo de servicio y quiera hacerlo bien, seguramente se encuentre con un no. O con una puerta cerrada. O, peor aún, que se entregue al cliente un informe lo suficientemente tuneado en el que se diga al cliente eh, mira ha sido la hostia; para la próxima vez nuestro fee va a subir un topotocientosmil por cien, porque somos fenomenales.

Mi conclusión

Por mi parte no voy a perder más tiempo con este tema. Twitter se nutre de los usuarios, pero más aún de las celebrities y su efecto llamada. Luego otra cosa es que vayamos como moscas a la miel o a la mierda según lo que nos interese en cada momento. Y si algo os molesta por allende los tuinters, los fisbulses o los tuentis, pues anfollous llanomegustas masivos y a dejar a la gente hacer su trabajo.

Pero, por favor, dejad de engañar a las marcas. O leeros Buyology. Que merece la pena y vais a aprender muchas cosas. Sí, esto también es publicidad. O no, porque no os he dicho que lo compréis ni he puesto un enlace de afiliación. Lo buscáis en vuestra librería habitual, que hay edición de bolsillo que es la única imagen del post y así quizá nos dejamos de debates que otros sí han sabido solucionar. Con un método.

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