Cómo no hacer un concurso

Y el agraciado (justo cuando estoy preparando un concurso, por cierto, lo cual me ha cabreado aún más) es… el lince que ha conseguido vender a San Miguel un concurso que en una valla publicitaria se vea así de feo:

Foto cortesía de @barahona

Vayamos por partes, porque el tema puede tener miga:

  1. Se usa un hashtag para el concurso. Hasta ahí bien. Ahora, vamos a por más.
  2. Se pone una dirección de Facebook (WTF?). Por si alguien no lo sabe, los hashtags no sólo no se pueden seguir en Facebook (no se genera un enlace como en otras plataformas, como Twitter) sino que además es bastante complicado sacar información de Facebook, y menos con la privacidad estándar. Ya no os digo si la privacidad está retocada.
  3. La promoción empieza el 29 de mayo (hoy) y no hay nada publicado a estas horas en la susodicha página de Facebook.

Sí, quizás me deje llevar por mi entusiasmo y quizá la masa lo vea supergracioso. Pero volvemos a lo de siempre: o las bases del concurso están bien realizadas o, pongamos, subo una foto participando a LinkedIn (el sitio más aberrante para subir una foto cachonda que me venga a la cabeza), pasa el concurso y pido saber si me han tenido en cuenta en el sorteo que se realice. Si no me han tenido en cuenta, ¿cómo saldrán de ésa?

Por favor, menos vender motos o hacer cosas superimaginativas y guays si no se tiene ni idea o no se ponen los medios, que me juego el cuello y no lo pierdo a que es así, de lo que se puede hacer en redes sociales y no se puede hacer en las redes sociales.

Ya rascaré un poco más.

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