Definir estrategias hiperlocales de Social Media y no morir en el intento

Uno de los mayores problemas que se nos puede plantear a la hora de definir una estrategia Social Media es que nos llegue un pequeño negocio y nos diga quiero vender más. Si eres un animal de costumbres y pretendes seguir todo por el libro, entonces seguramente le dirás que hacer anuncios de AdWords es tirar el dinero. Que Facebook es el presente. Que tener una página web una pérdida de tiempo. Y que Twitter mola mil y le van a llover los seguidores del cielo. Es decir, le habrás vendido el típico humo que luego a algunos nos tocará arreglar por el módico precio de una palmadita en la chepa y luego ya veremos a ver qué podemos cobrar después de que tú le hayas sangrado.

Hecha esta primera crítica, vamos a ver cómo podemos definir una estrategia hiperlocal para un negocio que no es ni el refresco amigo ni pretende tener cientos de miles de seguidores en redes sociales, sino sólo crecer un poco o directamente que o vende algo o el negocio muere. Y es que estos proyectos pequeños no sólo llevan igual o más trabajo que uno grande, sino que dar con la tecla es más difícil que conseguir aumentar el número de seguidores de tu refresco favorito o del último tuitstar de turno.

Lo primero que has de tener en cuenta son tus propios conocimientos no sólo del sector, sino del público objetivo. Es decir, si te llega una asesoría fiscal y contable y lo único que sabes de fiscalidad es que cada 20 de los meses de enero, abril, julio y octubre tu cuenta se queda como un bebedero de patos, mal vamos. Tendrás que informarte sobre el sector, hacerle mil preguntas al cliente y, sobre todo, preguntarle cuáles son sus clientes habituales. No es lo mismo una residencia de la tercera edad que un bar de copas o la tienda de ultramarinos del barrio. ¿Está su público mayoritariamente en Internet? ¿Navega mucho o está en una red social mayoritariamente? Si está en una red social, ¿será más fácil impactarle donde navega mucho o donde entra circunstancialmente a echar un vistazo? ¿Ofrecemos ofertas o sólo información y contenidos y más contenidos (que, por cierto, a mí cada vez me aburren más)? Una vez visto sector y público objetivo, ya podemos empezar a tener una idea más o menos clara de cuál ha de ser nuestra estrategia. Es decir, vamos a segmentar.

Pero en este proceso de segmentación no sólo vamos a segmentar públicos, sino también esfuerzos y hasta el presupuesto que tendremos (que será escaso por no decir tendente a cero). Es decir, vamos a ver si nos merece la pena montar una estrategia en Facebook, dejar de lado Twitter si no nos interesa, o si vamos a intentar hacer más visible la tienda o negocio a través de otras opciones como anuncios de AdWords (orientados a móviles, por ejemplo), Foursquare, 11870, Tuenti Sitios o, sobre todo, una web. Ahí es dónde vamos a decidir qué presupuesto podemos dedicar a cada cosa del que nos ha fijado el cliente. Insisto en esto: el presupuesto lo ha de fijar el cliente. Es decir, no hemos de llegar y decirle esto te va a costar esto sino preguntarle cuánto está dispuesto a gastarse. Eso nos va a suponer no sólo saber lo que tendremos disponible sino incluso nos permitirá hacer alguna locura y exprimirnos más aún el coco para conseguir que el impacto sea mayor y más eficiente.

Hecho esto, ya podemos ver qué herramientas usaremos para hacer el seguimiento. Obviamente, tiraremos de gratuitas y aquí mis consejos son los de siempre para estos casos: SocialBro, Hootsuite, nuestro navegador preferido y Google Analytics si hay una web de por medio (que debería haberla, incluso aunque el presupuesto puede que no dé para ello). Y no os compliquéis con mucho más. Sencillez y resultados.

Seguramente en estas estrategias hay que emplear el mismo tiempo que en una grande y hacer mucha pedagogía para que el cliente entienda de lo que le estamos hablando. Para ello no hemos de marearle con cifras y listados interminables de datos que no tendrán ningún sentido para él, sino fijar de antemano (igual que se hace con los clientes grandes, dicho sea de paso) lo que necesita saber: quién le ha conocido, desde dónde ha llegado y si ha llegado algún cliente nuevo o fidelizado más a sus clientes.

Y, por supuesto, haced un pequeño cartelito para que lo ponga en su negocio, no con los iconos, sino con las direcciones. ¿O acaso con poner el icono de Facebook o de Twitter en un cartel alguien va a llegar a la tienda de vuestro cliente, tocarlo y se va a abrir por arte de magia un holograma en el que se vea la página al más puro estilo Minority Report? No, ¿verdad? Pues eso: no os olvidéis del poder el off-line, que no todo es social media.

Y recuerda: piensa global, actúa local. Coge ideas de aquí y de allá y piensa cómo podrás aplicarlas a tu estrategia. Seguro que te llevas más de una sorpresa 😉

Think global, act local

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