El freelance es tu amigo: cuídale

Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada y, la verdad, es que llevo con ella escrita a medias, a trozos y mal casi un mes. Justo cuando por ahora ha hecho ya tres años que escapé del sector bancario y decidí que mi camino estaba en esto del Social Media, aunque cada vez hago menos cosas de Social Media y más de Internet de verdad. Pero eso no tiene nada que ver con lo que os quiero contar.

Ser freelance, autónomo, optar por el autoempleo, ser emprendedor… Una multitud de vocablos para definir lo mismo. Ser tu propia empresa. Empresario. Sí, de los de toda la vida. Como los de la CEOE que no nos representan ni al 95% del tejido empresarial español (PYMES) ni al resto de empresas porque se dedican a gestionar empresas que dependen en mucho de lo público. Empresario como el que tiene un bar y te pone el café o empresario como el que tiene un quiosco en la Gran Vía. Empresario se es ganes millones de euros o unos miles para ir tirando. Pero eso parece que hay muchos empresarios a sueldo (es decir, directivos a sueldo que se creen que son empresarios) que no lo entienden.

Mirad, si hay algo que caracteriza a gran parte del tejido empresarial español es el fraude de Ley, en muchos ámbitos: en lo laboral, en lo fiscal, en temas de consumo y trato con clientes… Si se puede arañar un resultado que pueda suponer una ganancia a corto plazo (aun a riesgo de un quebranto serio a medio o largo plazo), mejor que mejor. Y justo ahí es donde las relaciones con los freelance (y las micropymes, que hay muchas) se parten en dos. Empresas que pagan a 180 días con carácter general, empresas que contratan sólo a freelance para tenerlos en sus oficinas trabajando en régimen de exclusividad con unos precios que no compensan ni la décima parte del talento y capacidad de trabajo que tienen, empresas que directamente no contratan con freelance por vete a saber qué razón (por ejemplo el mayor contribuyente de España) para que haya empresas que les sableen por servicios que luego subcontratan a un freelance por el mismo precio de una miseria que no da ni para pipas… Es decir, puteo generalizado.

Durante estos tres años he tenido de todo. Desde alguna factura impagada, hasta retrasos de más de un año en el cobro de algún servicio. También malentendidos que se han solucionado, pero en general la sensación es buena. De hecho, los mayores problemas vienen siempre por el lado de empresas que no son gestionadas por empresarios, sino por chupatintas del tres al cuarto que hacen que un mes tengas que pagar la Seguridad Social con recargo porque te pagan en la primera quincena del mes (claro, a ellos la Seguridad Social se la paga la empresa) o por procesos internos que dejarían boquiabierto al más maligno de todos los burócratas.

Y es ahí donde, amigos, tenéis que empezar a daros cuenta de que los que estamos de freelance tenemos unas necesidades que vosotros no tenéis, pero vuestra empresa sí. Esos mismos pagos de Seguridad Social, esos trimestres de impuestos, los costes de los viajes, las inspecciones… Todo eso también lo tiene vuestra empresa, aunque vosotros no lo veáis. O no lo sufráis en vuestras carnes. Eso por no hablar de un sistema de prestaciones sociales que está más que mediatizado por el escaso dinero que se gana en ciertos trabajos o los incrementos en las retenciones. O por la picaresca en otros sectores.

Justo entonces, cuando todos entendamos las necesidades que tenemos los que nos dedicamos a ser nuestra propia empresa, entonces podremos decir que el tejido productivo español se ha igualado al del resto de Europa, donde un freelance es un empresario más que trabaja duro para salir adelante. Y sin hacer falta muchos cambios normativos, que algunos hacen falta, tanto en simplificación de trámites como en facilidades para poder dedicarnos a trabajar y no dedicar horas de más a tareas de gestión que llevan normalmente un par de días mínimo, fundamentales para sacar adelante trabajo de verdad.

No, los freelance no sacaremos a España de la crisis. Ni siquiera los emprendedores. Ni siquiera muchas de las empresas que día a día se van creando. Pero un freelance aporta muchas cosas que en algunas empresas no se encuentran ni por asomo: capacidad de trabajo, un talento especial, unos conocimientos, una formación continua, una capacidad de organización que ya quisieran algunos… Cosas que mucha gente dice dentro de las empresas que no se pueden permitir. Eso dicen.

Empecemos a valorar la figura del freelance, a entender que hay personas que por sí mismas no sólo son una empresa sino que además aportan un valor añadido que no se encuentra en muchos casos dentro o que en otros puede ser mucho más caro si se contrata a una empresa. Y, por favor, no contratéis servicios que no podéis pagar en menos de treinta días. Si no lo puedes pagar en un plazo razonable, ¿qué te hace pensar que yo puedo vivir sin que me pagues? ¿Por qué crees que luchamos contra todo hoy?

Cuídanos, cuídale. Cuídate. Porque a todos nos irá mejor.

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