Que sí, que ya, que vale: debates futiles sobre límites claros

Hola, soy Esteban Mucientes, y soy ignominioso. Junto a eso, soy licenciado en Derecho, he sido miembro del equipo internacional de una asociación de estudiantes de derecho coordinando un programa sobre derecho y nuevas tecnologías allá por el año 2000 (sí, cuando el del famoso efecto), después hubo un momento en el que había que pagar las facturas, adquirir un tren de vida y esas cosas y finalmente decidí mandarlo todo a la mierda y dedicarme a trastear con estas cosas del marketing digital.

Y si hay algo que no soporto últimamente son los debates sobre si esto o aquello. De hecho, nunca lo he soportado cuando todo el mundo tiene razón pero no se apea del burro (o “they don’t get down of the donkey” haciendo un speaking in silver) o, lo más cansino de todo, cuando los debates se convierten en cíclicos sin llegar a una conclusión plausible.

Lo he vivido en multitud de ocasiones en ELSA (así se llamaba esa asociación que me ayudó a creer en cosas como los derechos humanos, pero también me demostró que en España perdemos el tiempo más de lo que debiéramos), desde temas de marketing con la enésima discusión sobre la imagen corporativa, con la proposición de nuevos temas para ese programa internacional que coordiné o con temas relacionados con dineros, con parné.

Y es que los debates que había por aquellos entonces del año 2000 no están muy lejos de lo que se lee hoy día y los podemos reducir a uno solo: límites.

¿Cuáles son los límites aceptables para una correcta protección de datos? ¿Cuáles son los límites aceptables en las relaciones entre compradores y vendedores online? ¿Cuáles son los límites entre compartir cosas en Internecs y saltarse los derechos de propiedad intelectual? ¿Cuáles son los límites del orden público cuando nos metemos en el mundo online? ¿Cuáles son los límites de las reglas que todos ya conocemos y asumimos offline en el mundo online? ¿Cuáles son los límites de la publicidad y cuándo ésta se convierte en spam? Si hacéis memoria (quiénes estuvierais online por esas fechas, claro).

Por aquel entonces hay que reconocer que poca gente tenía una presencia online. Hacer páginas webs era caro, no había muchas opciones de cara a hacer un blog (Blogger mediante) y éramos todos un poco menos inocentes y se nos abría ante nosotros todo un mundo de posibilidades a través de Yahoo!, Altavista, Lycos o Terra. Luego petaron las puntocom en el año 2000, quedaron las empresas que merecían la pena por mera selección natural (Google, Amazon, Microsoft), llegan las redes sociales y finalmente nos encontramos con que el equilibrio de la comunicación (que no el del poder, tampoco nos sobremos) se desplaza hacia el lado de las personas.

Y entonces llegan esas personas que son influyentes y que venden sus consejos. No me voy a extender mucho sobre el tema porque ya lo comenté en su momento, pero sí hay una cosa que parece que no nos damos cuenta: los debates cíclicos pueden ser buenos, pero cuando tratan de legislación no molan tanto, especialmente cuando los que nos metemos en estos jaranales o bien tenemos una idea muy genérica de derecho (mi caso; gracias plan del 57) o directamente no se sabe mucho. Y encima hay pocos abogados blogueros (a ver si así se anima Paloma Llaneza a dar más guerra). Bueno, sí hay, aunque algunos despachos que hoy cuentan con un tuinter pesao (y que me tienen bloqueado, por cierto) ya por el año 2000 eran pesaos y eran monotemáticos.

¿Dónde quiero llegar con todo esto que os he contado y que, seguramente, no os interese?

Bueno, pues eso, que el tema va sobre lo de Danone y tantascuantasmil campañas exactamente iguales que se han hecho. ¿Es necesario regular la publicidad online para no sobrepasar ciertos límites que se han traspasado de manera más o menos clara? ¿O hemos de empezar a optar por dejarnos de debates futiles y minimizar el impacto de este tipo de publicidad haciendo unfollow? ¿Por qué se ha denunciado este caso y no otros exactamente iguales que ha habido a lo largo y ancho de la blogosfera y redsocialesfera española?

Sigo pensando que hay mucho pusilánime detrás de cuentas fake o que son tuitstars a tiempo parcial. Y realmente este tipo de cosas son las que hacen que me reafirme en ello.

Dicho lo cual, os recomiendo que leáis tres cosas:

Dicho todo esto, igual hay ciertos debates dirigidos. ¿O soy demasiado mal pensado?

La imagen destacada es de Cristian Eslava con licencia Creative Commons.

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