Relativizando la tasa de rebote

Una de las métricas que más polémica genera en el mundo de la analítica web es la tasa de rebote. Definiéndola de una manera fácil y rápida, la tasa de rebote es el porcentaje que nos indica cuántos visitantes han llegado, han visto una única página y se han ido. Es decir, en el caso de un blog, este porcentaje puede ser superior (y lo será) al 80% de las visitas.

No obstante, todo esto hay que relativizarlo, porque dependerá de muchas circunstancias esa tasa de rebote. La principal, si no la única, depende del tipo de página que midamos.

En el caso de una landing page para captar clientes, obviamente cuanto más baja sea la tasa de rebote (incluso por debajo del 20%), habrás tenido éxito. Pero hay muchos factores que harán que tu página funcione o no: el diseño, una llamada a la acción clara, que el contenido cumpla las expectativas del visitante o, algo más importante, que tenga un acceso a tu página, porque aún hay quien mantiene una página de aterrizaje sin un sólo enlace que llevarse a la boca 😉

Sin embargo, hay una cosa que puedes hacer para mejorar tu tasa de rebote (o la de la web de tu cliente), fijando qué entenderás por una visita con rebote. Es decir, ¿es malo que un visitante vea una única página si está dos minutos, que es lo que se tarda en leer el contenido? ¿Es malo que un visitante llegue, lea un contenido en el blog corporativo  y se vaya a la página de venta y finalice una compra, sobre todo si medimos ambas páginas de manera separada?

Seguramente en estos casos no sea buena idea contar esas visitas como rebote, especialmente si tenemos que dar datos a nuestro cliente. Para eso en Analytics basta con definir que esas visitas que tienen una duración mínima o que dan pie a una interacción (evento) no sean consideradas como tal. Porque muchas veces nos basta con que una interacción nos dé pie a considerar una visita como una de calidad. Como guinda, os aconsejo leer esta entrada de Gemma Muñoz en el blog de Territorio Creativo que os ayudará a entender mucho mejor de lo que he hablado.

¿Cómo hacerlo? Es sólo tocar un par de líneas de código, pero mejor no mezclar conceptos y eso lo vemos en otra ocasión.

Imagen de Windell Oskay con licencia Creative Commons.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario