¿Son fiables los rankings?

Como ya sabéis con las redes sociales la marca personal es algo muy en boga últimamente, y quien más quien menos busca definir su estilo de una manera o de otra.

Esta definición de un estilo a la hora de usar las redes sociales puede ser muy útil para ver quién puede dar más de sí en un tema o quién nos puede arrancar una sonrisa con uno de sus estados de Facebook o un tweet, incluso nos puede permitir encontrar un trabajo si gestionamos bien nuestra identidad y no hacemos locuras con nuestros perfiles en sitios como LinkedIn (que esto tampoco es la panacea).

Tened en cuenta que se puede estar en todas las redes sociales y usar cada una de una manera diferente. Por ejemplo, Facebook nos puede valer para mantener el contacto con familiares o amigos (sí, también para cotillear), Twitter puede ser una válvula de escape de nuestro día a día, en LinkedIn podemos ir haciendo un CV o un portafolio de nuestro trabajo… Es decir, en cada sitio tenderemos a comportarnos de una manera diferente en función de la gente que tengamos agregada. Obviamente, en este caso hablo por mí, pero hay mucha gente que le sucede lo mismo.

Sin embargo, y para quienes nos dedicamos a esto del social media, medir la influencia también requiere de una serie de herramientas que vamos probando, y que nos pueden dar una idea de nuestro trabajo. Muchas de ellas son buenos indicadores que se basan en estadísticas y nos permiten realizar un seguimiento estadístico, pero hay algunas que nos valen para vender nuestro trabajo.

Sí, venderlo y vestirlo, de tal manera que podamos impresionar a nuestros jefes, clientes o colaboradores con lo larga y grande que la tenemos lo bien que hacemos nuestro trabajo y lo influyentes que somos o lo bien que lo estamos haciendo en el caso de la gestión de perfiles. Estas herramientas que nos permiten vestir nuestro trabajo son las de medición de influencia que se basan en diferentes aspectos objetivos (tweets, retweets, quién nos sigue y a quién seguimos, etc) pero que en determinados parámetros fallan más que una escopeta de feria o incluyen diferentes opciones que pueden servir de elemento de desviación y que, por ende, las hacen poco fiables.

El ejemplo más claro es Klout. Esta herramienta que nos permite conectar Facebook, Twitter y LinkedIn y sacar un agregado de nuestras estadísticas dando un resultado sobre nuestra influencia. Muchas de estas estadísticas se basan en los hechos objetivos indicados anteriormente e incluso nos puede dar una idea de los temas que hablamos. Bueno, o algo parecido.

Como muestra, un botón. En los temas en los que soy influyente tenemos cosas tan importantes como united nations o xbox360. Y en el pasado también era influyente sobre los angeles:

Y ahora resulta que soy influyente en zapatos.

Sinceramente, y aunque Klout me parece una herramienta interesante a la hora de echar un vistazo no tanto a la influencia que podamos tener, sino a la comunidad que tenemos alrededor nuestro alrededor basada en determinados hechos objetivos, hemos de tener en cuenta que en determinados aspectos falla mucho. Y si acierta en bastantes de mis temas es porque hablo de eso: herramientas para mejorar blogs, de Valladolid, de política o de herramientas para medir impactos de redes sociales, entre otros.

Pero no hablo de Los Angeles ni de la ONU, sino que al tener como lengua materna el español, resulta que uso mucho los artículos la y un.

Por último, dejar una crítica a los rankings (así en general) y a esta herramienta en particular por el hecho de que cuando se gana una determinada influencia, ésta se puede perder (la fama es efímera) como, por ejemplo, aprovechando para tomar un descanso de vacaciones. Algo que Mark W. Schaefer describe muy bien.

Intentaré encontrar las explicaciones para zapatos y XBox360, máxime cuando lo que tengo es una PS3…

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