Una catástrofe no es una crisis. Se tratan de diferente manera

Esta entrada contiene trazas de opiniones personales. Si no crees tener estómago suficiente para las mismas, no la leas.

Como supongo que imagináis, voy a hablar del accidente del pasado día 24 en Santiago. Creo que ya está todo dicho y ya he visto todo, pero vamos a ver un par de cuestiones sobre las que el cuerpo me pide dar mi opinión.

Vuestros análisis sobre el uso de redes me la bufan

El otro día vi una cosa que me dejó boquiabierto. Una entrada con un análisis en una presentación de la gestión de redes de Renfe. Sí, así, a pecho descubierto. Obviamente, la conclusión de dicha presentación es que algo se hizo mal porque se tardaron más de tres horas en decir nada en redes y blahblahblahblah y mierdas de éstas.

Como no podía ser de otra manera, si no hay comparación con el atentado de Boston, seguro que alguien habría reventado.

Vale, sí, la casuística es ésa. Y ahora, ¿a qué vienen los análisis sesudos sobre lo mal que lo ha hecho Renfe? ¿De verdad lo hizo tan mal? ¿De qué sirve un tuit diciendo ha habido un descarrilamiento en el tren XXXX cubriendo el trayecto YYYYY? Si ya lo habéis visto en la tele o en las noticias o en los medios o en las redes, ¿de qué vale añadir uno más deprisa y corriendo?

Así que aquí sólo añado mi sensación de asco y que a toro pasado todos somos Manolete.

Poner en la picota gratuitamente

Ok, Ana, eres muy respetada, pero este tuit se sale de madre.

No podemos exigir responsabilidades a los demás demostrando una irresponsabilidad. Vamos, este tuit es sólo uno de ellos, porque entre periodistas y ex-periodistas de El Mundo retuiteando que se había oído una explosión antes del accidente (algunos no han oído nunca el sonido del acero retorciéndose y hacer aproximaciones al 11M pues hace ganar puntos ante el gran jefe), medios echando mierda sobre el maquinista por una foto que publicó en su Facebook de la que desconocemos las circunstancias en las que fue tomada y cuándo se subió y demás, pues hemos puesto en la picota a casi todos los potenciales implicados en el accidente pero dejando a Adif en esas primeras horas de lado. Renfe, el maquinista, la cobertura televisiva y el escaso músculo demostrado para saber gestionar una situación como ésta en muchos medios, desde la inoperancia de RTVE en el 24h con unos silencios que hacía que pareciera una película de Lars Von Trier o las imágenes del accidente de Chinchilla de hace unos años (por error según parece) hasta el amarillismo de la Sexta o la pregunta de ¿sigue siendo seguro viajar en tren? al día siguiente de Antena 3 a la ministra Ana Pastor en el informativo del mediodía.

Sí, yo también acabo de poner en la picota a bastante gente, pero en realidad nadie, ni siquiera yo, hemos tratado esto correctamente. Se han hecho muchas especulaciones, al igual que en el análisis que hacen algunos del uso de las redes sociales, pero a veces es mejor ser cauteloso. Aunque sea en exceso. Principalmente cuando hay víctimas de por medio.

Y, sí, a mí el cuerpo me pedía también poner en la picota a Renfe por no dar información en redes sociales, pero estando la Delegación de Gobierno en Galicia y la Xunta ya a cargo de todo, ¿de qué iba a servir? Mejor recibir información contrastada según se fuera teniendo a través de los canales oficiales. Y punto.

Y no, una catástrofe no es una crisis

Porque una crisis es pasajera, pero una catástrofe como ésta (un accidente con 80 muertos, casi 100 personas hospitalizadas, muchas de ellas en estado crítico aún hoy) requiere un tratamiento mucho más sensible por parte de todos.

No podemos hablar de que habría que haberse hecho esto o aquello sin conocer las circunstancias de las empresas implicadas en el mismo. No podemos dejar que las redes sociales sean el centro del universo de la comunicación cuando no todo el mundo está en Twitter o en Facebook. Que sirven para enterarse de las cosas, no lo voy a negar; que son un excelente instrumento de comunicación, tampoco. Pero sólo son una herramienta más.

Ah, y por supuesto, no voy a tragar con que la empatía es una fórmula de ego tal y como me espetaron el otro día por tuinter al criticar a esas personas que piden autenticidad en redes pero no son capaces de poner su Buffer en pausa para seguir spammeando con sus selecciones de contenidos.

La vida sigue, pero no para todos.

Hasta el circo que es la Fórmula 1 ha demostrado ser más sensible que todos nosotros.

¿Qué habría hecho yo?

No lo sé. Sinceramente. Ni protocolos de crisis ni leches. Para esto poca gente nace preparada. Y como no sé qué es lo que habría hecho, pues poco más puedo añadir. Bueno sí, una cosa puedo decir: que igual deberíamos respetar el trabajo de quienes están al pie del cañón.

Y sí, ya sé que yo puede que no lo haya hecho. Soy consciente de mis limitaciones.

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