¿Y si la crisis de la prensa española es de creatividad?

Hola, me llamo Esteban, soy consumidor compulsivo de noticias y el vídeo que encabeza este post es un making of de un vídeo que veréis más adelante.

Llevo leyendo periódicos desde los 12-13 años de manera prácticamente ininterrumpida; y tomemos periódicos en el sentido amplio de la palabra e incluyamos aquí también a los periódicos online; los serios, claro, no los que hacen montajes sustituyendo personas por chimpancés o inventándose que las bebidas carbonatadas se hacen con fetos humanos muertos. Por cierto, en este grupo también incluyo revistas como El Jueves, que he estado comprando desde los 13 hasta los 33 tacos (hacerte autónomo te obliga a prescindir hasta de estas cosas), o Mongolia. E incluso Interviú, que casi podemos considerar como la única fórmula de periodismo de investigación vigente en nuestro país si no contamos la tele.

Volvamos al hilo.

En aquella época los domingos traían un suplemento con artículos más o menos interesantes en los que podías ver desde lo último en cultura o moda, hasta artículos de investigación. Eso sigue sucediendo hoy día pero como hay crisis de ventas algunos se piensan que lo mejor es regalar cosas. Cosas que, por cierto, tienen un coste en muchos términos (desde la logística hasta la producción de esos regalos), por no hablar de que te puedes hacer un ajuar para tu casa gracias a esos regalos que te ofrecen y que entre el coste del diario, las llamadas al teléfono de tarificación especial para encargarlos, el transporte para ir a recogerlo al quinto coño y el papel que generas, pues igual te sale más barato comprar todo hecho de sangre de unicornio. Cosas de valorar el coste-oportunidad.

No, aquí no acaban las hostias. Puedes seguir leyendo.

El tema es que muchas veces no nos enteramos de qué nos van a contar los periódicos o qué es lo que quieren contarnos. Aunque luego sea mentira (lo de los contenidos, que si cuentan mentiras no es válido como periódico).

Contar las cosas con gancho. Arriesgarse. Hacer una promoción de verdad de cosas que te van a interesar, de lo que nos va a interesar a los lectores.

No nos engañemos: un periódico se compra o se lee porque tiene algo que contar. Es como un libro. ¿O acaso te compras libros porque sirven como elemento decorativo para no leerlos?

Ese algo que contar va desde empezar a educarnos a los españoles medios a ver e interpretar datos, por contar las noticias sin presiones o sin sensacionalismos (ese si sucede un fenómeno meteorológico en Madrid, es que ha sucedido en toda España por favor, olvidadlo) y por aprender a utilizar Internet para contar historias o para que esas historias que nos cuentan los periódicos se puedan comprender mejor. O incluso para llamarnos a comprar algo cuando hay algún cambio.

Como se me está yendo la olla en demasía os propongo varios ejercicios visuales.

El primero consiste en comparar la promoción que ha hecho el Sunday Times (inglés, claro) con otra de El País. Ambas para sus suplementos dominicales.

El País:

Sunday Times:

Odiosa la comparación sobre pedantería, ¿verdad? Pues vamos a ir más allá.

¿Cómo es el canal de YouTube de The New York Times? ¿Y el de El Mundo? Ah, no, espera, que El Mundo no tiene canal en YouTube. Sólo tiene uno de Orbyt. Las comparaciones son muy odiosas, pero en este caso se llevan la palma, máxime cuando nos fijamos bien en la información que contienen los vídeos destacados de cada canal:

El Mundo:

The New York Times:

Un vídeo de 1:48 vs otro de 0:42. Un mensaje “suscríbete” frente a otro “el periodismo que te mueve” (o algo así).

Conclusiones

Sabemos que la prensa está en crisis. Que el país está en crisis, pero no se aprovecha el potencial que tiene Internet para hacer llegar mensajes, para construir marcas sin convertirse en pedantes o sin ser unos vendedores ambulantes de crecepelo del antiguo y lejano Oeste. Y para informar y contar historias. No para contarnos qué dressing code es el que debería llevar la infanta cuando vaya a declarar u otras mierdas que realmente nos importan un carajo y que lo único que consiguen son visitas e impactos publicitarios utilizando modelos obsoletos como el CPM para clavar a los anunciantes.

Y, mucho menos, para quejarse del daño que hace Google.

Al siglo XXI se viene llorado desde el siglo XX. Y con ideas. Que ya llevamos unos cuantos años de siglo. Y sin hacer mierdas.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario